Juicios, verdad, ley y justicia Imprimir E-mail
Escrito por MIGUEL ÁNGEL ARROYO   
Martes, 30 de Mayo de 2017 13:19

Por Pedro Domínguez Brito

Hace años leí “Juicios y mentiras”, una fascinante obra escrita por William T. Pizzi que trata sobre la crisis del proceso penal estadounidense. El autor expresa: “Hemos desarrollado un sistema de justicia penal que sirve de entretenimiento popular y da una tremenda importancia al hecho de ‘ganar’ o ‘perder’. Pero el sistema pone en un lugar prácticamente irrelevante el objetivo de la búsqueda de la verdad”.

En estos días inician procesos legales que marcarán intensamente el rumbo de la historia dominicana, sobrepasando el aspecto político-partidista. Influirá hasta la médula en la forma de manejar el erario, en la transparencia en las actuaciones del Estado, en el papel de las empresas privadas en sus relaciones con los gobiernos, y, quizás lo más importante, en el seguimiento de un pueblo para que sus recursos sean administrados de la mejor manera.

Pedro Domínguez Brito

Estamos en uno de esos momentos en que no podemos dar marcha atrás, no importa que luego entre el mar, que los cielos se tornen escarlatas o que la tierra se agriete. La sociedad, ya decidida a lanzarse, parece imitar al emperador Julio César cuando expresó antes de cruzar el Rubicón: “Alea iacta est” (la suerte está echada).

Y de lo que viene casi todos anhelaremos ser actores, y no secundarios o de reparto, sino protagonistas famosos; y si por casualidad resulta difícil esa preponderancia, buscaremos participar como invitados especiales de la película. No nos cansaremos de opinar, presionar, incidir, reclamar y varios verbos más. El despertar no tiene precedentes al menos en los últimos años.

Lo delicado es que en ese afán colectivo de lograr de buena fe un Oscar de la Academia de Cine de Hollywood, podremos chocar en masa unos contra otros, promoviendo el caos y que en un santiamén el guión adecuado del drama se pierda para siempre.

También la cautela es parte de una buena fiesta. Hasta las algarabías, minoritarias o multitudinarias, deben tener un mínimo de orden y de reglas, y si no están presentes esos elementos todo concluirá en que el reclamo, por más noble y apasionado que sea, perderá efectividad y credibilidad.

En consecuencia, el llamado “populismo judicial” (incluyendo el no judicial), debe dar paso al “debido proceso”, que es, a grandes rasgos, un principio jurídico procesal que le garantiza al imputado un juicio justo, imparcial y equitativo. Sin un eficaz “debido proceso” todo caerá al vacío.

Y en los juicios, como nos señala Pizzi, lo relevante es que se conozca la verdad, actuando cada cual de forma honorable y responsable. Y lo ideal es que esa verdad esté en armonía con la ley y la justicia. I haréis justicia.